Cada vez que se abre el debate sobre si es mejor si vivir en la ciudad o en el pueblo el argumento con más peso para los que defendemos la vida en la gran urbe es el anonimato, puedes hacer tranquilamente tu vida sin tener que dar explicaciones de ningún tipo a nadie y rara vez seras criticado por tus vecinos. Sobretodo pienso en esta idea cada vez que vuelvo de visita del pueblecito de mi padre, donde siempre me entero de algun cotilleo de alguien que no me importa sin poder evitarlo o de alguno protagonizado por algunos de los míos, que aún me importa menos.
Puede que mi subconsciente buscase el anonimato al mudarme a Barcelona pero lo que no me esperaba ,y a lo que no me acabo de acostumbrar, es al no-saludo. Si por cosas de la vida coincido con una persona en un mismo sitio, a la tercera vez no puedo evitar saludarla y últimamente me dejan con el "hola" en la boca. Sobretodo me ocurre en el gimnasio. Ahí no te saluda nadie aunque tengas la certeza que el otro sabe quien eres, por mucho que hayas coincidido durante dos días a la semana durante un mes a la misma clase. Me gusta ser persona anónima pero eso ya roza la mala educación. La total indiferencia.
Ahora es cuando los defensores del pueblo alegan que si te pasa algo siempre puedes llamar a casa del vecino, que te pondrá verde pero al menos te abrirá la puerta y te dirá "hola".