Este fin de semana he asistido al cumpleaños de una amiga de toda la vida, de esas que conoces desde hace más de 20 años y con la que compartías el bocadillo de jamón en la hora del recreo.
Todo iba bien. Jugué a la piñata, gané un peluchito, bebí un par de cervezas y hablé con gente que hace años había olvidado. Uno de ellos me enseñó un libro de fotos, regalo de los familiares de mi amiga. En cada página había 4 fotografías que simbolizaban un año de su vida. Ahí me di cuenta de algo totalmente terrible: el libro constaba de 30 páginas, mi amiga cumplía 30 años.
Eso sólo tiene un significado: yo voy detrás de ella. Dentro de unos meses me tocará enfrentarme a algo que hace años que temo ferozmente: el cambio de década. Los que han llegado dicen que no es para tanto. Lo que no sé es si lo dicen de verdad o para que no les engulla más el agujero negro.
Dicen que la crisis de los 30 viene producida por el miedo a abandonar definitivamente la adolescencia y cruzar la barrera de la edad adulta. Lo que se dice en otras palabras: cruzar el aro. Muchos de vosotros diréis que la ilusión no se pierde nunca, puede que tengan razón. Otros que se tiene más control de uno mismo y disfrutas más de la vida, a lo mejor sí. Algunos que ya es hora que asiente la cabeza que la gente debe madurar ya a los 20, a estos que no los escuche nadie.
Sólo les pido una cosa: cuando llegue el día, no olviden de felicitarme por mis recién cumplidos 27 años.
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2 comentarios:
De 27 nada, guapetona
El compte endarrera no es fa en aquesta dècada, nena.
Quan arrivis a la dels 50 ho entendras.
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